En mi última visita a Buñol y sus alrededores, encontré unos cuantos rostros, algunos evidentes, otros algo más camuflados.
Desde la tierna imagen de las caras de dos burritos - quizá madre e hijo - con necesidad de contacto corporal, hasta lo absurdo de un trozo de corteza de árbol con un perfil a lo con un seis y un cuatro...
Cualquier cosa vale mientras nos estimule de algún modo la imaginación, ¿no?
Desde la tierna imagen de las caras de dos burritos - quizá madre e hijo - con necesidad de contacto corporal, hasta lo absurdo de un trozo de corteza de árbol con un perfil a lo con un seis y un cuatro...
Cualquier cosa vale mientras nos estimule de algún modo la imaginación, ¿no?
Con tacto suave





