En la exposición de orquídeas que visité el pasado 1 de mayo pude conocer, además de muchas especies distintas de esta gran familia, un ejemplar de mantis orquídea, que merecía una entrada aparte en el blog. Además ya hacía un tiempo que no aparecían insectos por aquí, y tenía que solventarlo.
En este caso traigo a Hymenopus coronatus, una especie tremendamente especializada de mántido que creo es capaz de dejar con la boca abierta a cualquiera, científico o no, que se pare un momento a considerar sus increíbles estrategias adaptativas. Ésta que tenemos aquí abajo es una hembra subadulta, por lo que aún no ha desarrollado las largas alas que en el adulto llegan a sobrepasar el abdomen. Lo que sí podemos observar es su impecable coloración blanca y sus asombrosas patas modificadas a imagen y semejanza de los pétalos de las orquídeas entre las que se camufla en su hábitat natural. Esta enorme capacidad de cripsis les permite pasar desapercibidas mientras esperan, inmóviles sobre las flores, a que algún pequeño —o no tan pequeño— insecto despistado, pase por allí para lanzarse sobre él con sus espinosas e infalibles patas anteriores.
A seis patas



