Si ya me cost
ó encontrar
en la ciudad de Niza alg
ún atractivo natural
yaciendo bajo los kilos y kilos de ladrillo y cemento que la sepultan, sab
ía que en Montecarlo (el distrito m
ás famoso del
Principado de Mónaco) la tarea se me har
ía casi imposible. Fuimos a pasar una ma
ñana all
í como quien visita un parque de atracciones o un circo, porque esa es la sensaci
ón que tienes cuando caminas por las calles de M
ónaco; es un mundo aparte, un artificio de principio a fin sin conexi
ón aparente con la realidad del mundo al que estamos acostumbrados.
No suelo sentirme atraída por este tipo de lugares, pero me habían asegurado que valía la pena visitar este curioso hábitat, aunque sólo fuera por la riqueza botánica de sus múltiples zonas ajardinadas, exhibiendo además todas y cada una de las plantas un impecable mantenimiento, a la altura del que reciben los ladrillos con los que conviven.
¿Por qué no pasarse a curiosear y a echar unas fotillos? Pues ea, éstas son:
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